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La hora de los Independientes

A partir de la irrupción de Pedro Kumamoto y su movimiento llamado Wikipolítica,  las candidaturas independientes en México, pasaron de ser un tema exclusivo de ciertas esferas, a convertirse en un fenómeno social. Varios factores explican el éxito de quien se ha convertido en el símbolo de las candidaturas independientes.

En primer lugar, el hecho de que la alternancia política, tanto en el plano local, como en el nacional, no significó un cambio de régimen. De la mano de esto, se desprende una creciente desconfianza del electorado hacia los partidos tradicionales. Para el elector, en una u otra medida, los partidos  y sus integrantes, son lo mismo. Por ende, los políticos emanados de dichos institutos, son vistos desde esta óptica.

La desconfianza va de la mano de la falta de credibilidad. No hay partido que se salve de algún escándalo de corrupción. No hay gestión de gobierno que haya cumplido al cien por ciento los compromisos hechos en campaña. Elección tras elección, el elector vota por ciertas cosas, ciertos valores, ciertas promesas, al no cumplirse sus expectativas, más allá de la decepción que le provoque el partido y el candidato que les mintió, se daña a la democracia misma.

En cierta forma, el candidato independiente es algo así como el último recurso para salvar nuestra democracia. Representa, sin saberlo o quererlo, un salvavidas para la credibilidad del sistema político. El independiente carga sobre sus hombros una altísima responsabilidad social.

La exigencia ética que se le demanda, es del tamaño del desafío que enfrenta. De ahí que no cualquiera pueda ser un verdadero candidato independiente. Ejemplos sobran ¿Puede el Bronco, Margarita Zavala o Armando Ríos Piter ostentarse como independientes? Definitivamente, no. Ellos son tránsfugas que vieron en la vía independiente su última posibilidad de ejercer sus derechos políticos. Su ADN político es visible. Tienen huella y su pasado los delata. Eso no significa que sean indignos, significa, que no son verdaderamente independientes. Sus motivaciones vienen de otro lado.

Otros ejemplos, son Cuauhtémoc Blanco y el propio Pedro Kumamoto. Ambos no tienen pasado partidista. Ambos surgen de ámbitos distintos, no obstante, ¿se les puede dar el mismo valor como independientes? La respuesta es no. Blanco, el exfutbolista, hizo de su candidatura a la presidencia municipal de Cuernavaca, un negocio personal. Su candidatura actual a la gubernatura de Morelos, es un mal chiste. Por su parte, Pedro Kumamoto, tiene un trayectoria intachable. Su discurso es coherente con sus acciones. Su movimiento se construye desde la sociedad, democráticamente y desde la deliberación. Pudiendo elegir contender por el municipio de Zapopan, en el que las encuestas del momento le daban una ventaja, eligió el senado de la república. Detrás de esta decisión se dibuja de cuerpo entero Wikipolítica. No están para lo inmediato. No responden a coyunturas electorales, por más seductoras que se presenten. Atienden a una estrategia de transformación de fondo. Quizá les lleve más tiempo, pero sin duda, van por vía correcta.

Frente a ese escenario, ¿qué se debe esperar de un proyecto independiente? seriedad, trayectoria limpia, agenda de transformación, compromiso ético, congruencia, capacidad de pensar en el interés general, antes que en el interés personal. El independiente debe saberse instrumento de transformación, más que actor protagónico o fin en sí mismo.

Sin duda, esta es la hora de los independientes en México. Ojalá los ciudadanos seamos capaces de identificar las aspiraciones legítimas y señalar aquellas cuyas motivaciones no son genuinas. Lo cierto es que al tren independiente, ya nadie lo para.

 

 

 

 

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