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Paridad y Cuota de género: ¿caridad o derecho?

“Yo no creo en esas leyes estúpidas de la paridad de género», me tocó escuchar tan elevado criterio, mientras que en las noticias de actualidad se celebraba el logro de la única mujer gobernadora en el país, al ser aprobada su propuesta en favor de la paridad y equidad de género transversal en las postulaciones para cargos de elección popular en las alcaldías de Sonora, sumándose así al grupo de entidades federativas que, para el momento, ya contaban con tal paridad: Baja California, Chihuahua, Ciudad de México, Coahuila, Guerrero, Hidalgo, Nayarit, Sinaloa y Veracruz

Si bien, mi intención no es desarrollar un artículo periodístico con respecto al logro de Claudia Pavlovich ni de los otros gobernadores, sino redactar un artículo de opinión acerca del peyorativo argumento que escuché aquel día, que muy seguramente forman parte del argot diario de otros tantas y tantos mexicanos.

En aquel momento, el propietario de semejante planteamiento aboco su línea discursiva con respecto a que él quiere personas capaces y preparadas en los escaños, asegurando que las capacidades no se otorgan por decretos, en tanto que a él no le servía de nada tener a una mujer como jefa si ésta sería una tonta; análogamente hizo el mismo comentario referido a los varones.

Ante lo anterior yo le diría “Disculpe, es su turno de tomar asiento y dejar que una mujer le explique”.

La paridad al igual que las cuotas de género (que es importante recalcar que no hacen referencia a la misma disposición) son reconocidas a nivel internacional como medidas afirmativas, mismas que nuestro Congreso de la Unión define como lo siguiente: Las acciones afirmativas son el término que se da a una acción que pretende establecer políticas que dan a un determinado grupo social, étnico, minoritario o que históricamente haya sufrido discriminación a causa de injusticias sociales, un trato preferencial en el acceso o distribución de ciertos recursos o servicios así como acceso a determinados bienes. Con el objeto de mejorar la calidad de vida de grupos desfavorecidos, y compensarlos por los perjuicios o la discriminación de la que fueron víctimas en el pasado.

Con respecto a lo anterior es importante aclarar que la histórica discriminación política hacia las mujeres no es netamente culpa de los hombres, sino que ha sido una zanja formada por la sociedad y su intento de perpetuación de los arcaicos roles de género que obligan a las mujeres a encerrarse en el hogar, pero que por otra parte, mismos roles han impuesto a los hombres la obligación de la representación y las responsabilidades de liderazgo. Ejemplo de dicha desnivelación participativa son los 64 años de derecho al voto de las mujeres, frente a los siglos de participación democrática de los varones, misma que tuvo su génesis en la antigua Grecia instaurada en los últimos años del siglo VI a.C.

Por otra parte, es importante mencionar que el Estado Mexicano ha ratificado más de tres convenciones y tratados internacionales que lo obligan a garantizar la igualdad de participación política entre Hombres y Mujeres, sin embargo, después de todo, probablemente éste individuo tenga rezón con respecto a que “las capacidades no se otorgan por decretos”, pero la clave de la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres es normalizar nuestro empoderamiento y visibilizar nuestras capacidades; en palabras simples si en un municipio se cuenta con una alcaldesa, para las niñas que cursen la primaria será cotidiano tener como meta de vida el alcanzar un cargo público, mientras que para los niños será normal el visualizarse laborando frente a una jefa.

Por lo antes planteado, para comprender la trascendencia de la paridad y las cuotas de género en nuestra sociedad, éstas no deben de ser vistas únicamente como una medida de protección a los derechos humanos de las mujeres, sino que se debe analizar el impacto social presente y futuro que dichas medidas conllevan; ejemplo de ello es lo que nos enseña Marcela Lagarde al explicarnos que la discriminación hacia la mujer es normalizada por medio de los roles de género y la justificación de las diferencias biológicas entre ambos sexos, a lo que ella le da respuesta explicando que la construcción humana de las mujeres con respecto a su igualdad de derechos y posibilidades frente a los hombres, dará como resultado una sociedad que no limite a las mujeres a la maternidad y a los hombres a los roles de poder.

Probablemente a estas alturas de mi artículo usted siga catalogando de innecesario, y hasta de incierto, lo antes dicho; sin embargo estoy 100% segura que hoy su esposa lo llamó para que llevará las tortillas a casa o en su defecto, usted por su demandante trabajo ni si quiera tuvo la oportunidad de salir a comer, sin embargo su conciencia estaba tranquila ya que tenía la seguridad de que sus hijos no pasarían hambre puesto que su esposa había colocado ya la comida en la mesa.

En palabras comunes, le comento que la paridad de género ayudará a que en esta sociedad las mujeres no tengamos que hacer esa rigurosa llamada en busca de las tortillas, ya que muy probablemente nosotras nos encontraremos cubriendo una ardua jornada laboral, mientras que usted atiende sus responsabilidades de padre, cubriendo el tiempo de calidad con sus hijos a la hora de la comida y más a su favor, en este, no muy lejano mundo de igualdades, su esposa sea quien lo invite el fin de semana a cenar.

La información anterior puede consultarse en:

Fernando Rey Martínez, Acciones Afirmativas, Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, Ciudad de México, 2011.

  1. Rodríguez y P. Francés, Apuntes Sobre Filosofía Política: La Democracia, 2011.

José Alejandro Luna Ramos, Sistema de Cuotas de Género en el Esquema de Representación Política Mexicano, Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, ed. marzo-mayo 2014.

 

Marcela Lagarde, Identidad de Género y Derechos Humanos: la Construcción de las Humanas, San José, Costa Rica, 1996.

 

Stephania Duarte Federico.

Twitter: @fanyduarte33

Licenciada en Derecho.

Secretaría Técnica de la Comisión de Mujeres Empresarias, COPARMEX CDMX.

Cofundadora del Frente Nacional para la Sororidad.

Premio Municipal de la Juventud en Aportación a la Cultura Política y la Democracia.

 

 

 

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