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Los Mayas, su aproximación con la justicia restaurativa desde su mitología hasta su sistema de justicia como legado

Mtra. Viridiana Díaz González

 

En el libro sagrado Popol Vuh perteneciente a la civilización maya en su segunda parte, en la mitología con la historia de la doncella Ixquic empieza a narrar  la lucha entre el bien y el mal y cito[1]:

“Los hermanos Hun Hunapu y Vucub Hunapu se llevaban muy bien. Les gustaba jugar a los dados y con los hijos de Hun Hunapu jugaban por equipos al juego de pelota. La pelota era de caucho y los jugadores utilizaban muchos ornamentos y protecciones.

Vivían felices y contentos todos en la misma casa, abuelos, hijos y nietos, hasta que un día muere Ixbaquiyalo y los niños Hunbatz y Hunchouen quedan bajo el cuidado de su abuela paterna, Ixpiyacoc.

Un día estaban jugando en el camino de Xibalbá., o sea, el mundo subterráneo o  infierno, el cual era habitado por seres malvados, demonios amigos de la sangre, las desgracias y la muerte.

Ese día los señores de Xibalbá se sintieron molestos al escuchar los ruidos que los hermanos hacían mientras jugaban a la pelota. Furiosos, se reunieron en consejo para decidir cómo castigarlos. Esos señores además de querer castigarlos, como eran muy envidiosos, deseaban quedarse con los hermosos ornamentos que los hermanos utilizaban para el juego: las máscaras, los escudos, los guantes, las coronas y las pecheras de cuero que usaban para protegerse del golpe de la pelota y la famosa pelota de caucho”

Así que, los hermanos fueron víctimas de atrocidades de los señores de Xibalbá que finalmente fueron asesinados y le cortaron la cabeza al de nombre Hun-Hunapu, ordenando que ésta se colgara en un árbol, dando éste para sorpresa de los señores, frutos bellos. Los señores ordenaron que nadie podría comer de ese árbol al cual llamaron “Jícaro.”

Esta fue la historia de antecedente. La manifestación de la  justicia restaurativa comienza con el contiguo capítulo de la doncella Ixquic.-mitología- Esta era la hija de uno de los señores de Xibalbá llamado Cuchamaquic, ella anhelaba robar aquellos frutos del árbol Jícaro. Al acercarse a la cabeza colgada de Hun-Hunap, éste le habló, le dice que si su deseo de comer los frutos es ingente, extendiera la mano, la doncella lo hizo y él le escupió, quedando así fecundada  para tener dos hijos gemelos de él  que habrían de ajusticiar su muerte.

mayas

 

 

 

 

 

Princesa Ixquic siendo fecundada por la Cabeza de Hun-Hunapu al ser escupida en la mano.

 

En el libro sagrado del Popol Vuhj, así corre la historia en medio de una evidente ayuda natural “mágica” del bien (al decir mágica nos referimos a aquellas cosas propias de un contexto mitológico) los hermanos una vez crecidos después de superar las casas de castigo por las cuales fueron obligados a pasar a la orden de los señores de Xibalbá (quienes seguían siendo injustos y malvados), dichas casas peligrosas en las que tenían que afrontar peligros como eran, murciélagos, cuchillas, fuego, jaguares,  al final de superar estos obstáculos uno de los hermanos, hijo de Hun-Hunapu, quien se convirtió en árbol y fecundó a Ixquic encontró la muerte tras las trampas y mala voluntad de los señores del mal (Xibalbá) quienes no soportaron el desafío de que los hermanos sobrevivieran a sus más temibles casas, al ser pródigos e inteligentes con sus poderes lograron resucitar a quien resultó fenecido, quedando  vencidos los señores de Xibalbá.

Los señores estaban asombrados de ver esos pródigos, así que les pidieron dar una muestra de su “mágia”, así que les ofrecieron un acto donde se cortaban la cabeza y en poco tiempo se auto resucitaban. Asombrados de la capacidad de resucitarse les pidieron que los degollaran y resucitaran, a ellos también.

Hunahpú e Ixbalanqué revelan sus nombres y su procedencia, dejando evidencia de que son los hijos de Ixquic, hijos de “Jícaro”, hijos de Hun Hunapu y Vucub Hunapu  a quienes había asesinado los señores de Xibalbá por celos y envidia. Entendiendo que había llegado la hora de ser vengados. Los señores de Xibalbá les piden clemencia pues sabían que habían matado injustamente a sus padres  y los ahora hijos prodigios les anuncian que serán eliminados.

Los señores siguieron rogando compasión hasta que finalmente los hermanos decretaron su sentencia: A partir de ese momento su estirpe sería rebajada. Ya no iban a someter a los hombres y ellos se dedicarían a la alfarería. Aquí comenzó la decadencia de este imperio.

 

Hunahpú e Ixbalanqué honraron a sus padres vengando su muerte.

Luego, los hermanos ascendieron al cielo. Uno tomó el lugar del sol y otro el de la luna. Entonces se iluminó la bóveda celeste.

Subieron también los cuatrocientos jóvenes que había matado Zipacná y se convirtieron en estrellas.”

Hasta aquí termina el acontecimiento mitológico que si reflexionamos y revisamos detalladamente encontramos evidencia de “Justicia restaurativa” si tomamos en cuenta la civilización y el contexto, reflexiono los siguiente:

La venganza en la cosmovisión de la justicia maya tenía otro sentido,  no la interpretemos como hoy en día podría hacerse. En la antigüedad, según los valores actuales de  las comunidades mayas, la venganza es la restauración del daño, reitero, no es hasta que aquella parte que hirió primero, por decirlo de algún modo, paga, enmienda, resarce aquello que menoscabó como una forma de recuperar el equilibrio, de regresar esa energía liberadora (sanadora).

La cosmovisión de los antiguos mayas tiene de manera muy intrínseca del ser,  el mantener la armonía, ajusticiando con la vida misma si es necesario para  devolver el poder a quien se lo hayan arrebatado, a quien haya perdió su paz como consecuencia de un acto de egoísmo o irresponsabilidad del otro. Entonces vuelvo a citar[2]: “Luego, una vez vengados, los hermanos ascendieron al cielo. Uno tomó el lugar del sol y otro el de la luna. Entonces se iluminó la bóveda celeste”.

En el relato del libro sagrado se menciona como los animales,  la magia conspira a favor de quien tiene puras y buenas las intenciones, de quien está en la desventaja injusta.

En la mitología maya podemos notar como siempre el bien triunfará por encima del mal, no se concibe el mundo desequilibrado, sin que cada quien tenga aquello que le corresponde dentro de la paz en una comunidad.

Según los datos obtenidos, los mayas tenían su sistema para sancionar delitos, los mayas antiguos eran muy rigurosos con sus castigos, por ejemplo, a los adúlteros se les castigaba hecha la pesquisa y una vez  convencido alguno del adulterio se juntaban los principales en casa del señor (persona respetada) traído el adúltero le ataban a un palo y le entregaban  al esposo engañado a la mujer y al  amante, si él le perdonaba era  libre, si no,  le mataba con una piedra grande que le dejaba caer en la cabeza, a la mujer, le bastaba la infamia, el deshonor, el estigma que le quedaba.

Podríamos pensar ahora que esto es salvajismo, pero salgamos un poco del contexto actual y si vamos a un sentido profundo de lo duro o severo del castigo, podemos deducir que para los mayas  faltar a los valores establecidos en la comunidad era inaudito, duramente sancionable y eso se reflejaba en las penas, (pues eran sangrientas) para de esa manera mantener la concordia y armonía de la comunidad y que aquel que pensara en alterarla, se lo pensara bien.

La pena del homicida aunque fuese causal era morir por incidías de los parientes o si no, pagar el fenecido con una vida de esclavo.

Pagaban y castigaban en el caso del robo aunque fuese pequeño se hacían esclavos, el hecho era reparar, que el alma del ofendido quedara libre, aliviada. Restaurar el equilibrio con actos que preceden de las palabras.

 

En ésta cosmovisión era  importante la restitución de la cosa”, pero en un sentido más espiritual, no era como tal sustituir una cosa por otra sino el acto mismo de reparar el daño hecho. En la civilización maya el castigo era incluso parte de la misma reparación y un acto público con fines de enseñanza o educativos a la comunidad, para prevenir el delito,  el delincuente tendría que sufrir, después de experimentar un tipo de “sensación de vergüenza” como principio de un proceso de reparación donde quedara asegurado que no volvería a si quiera ocurrírsele hacerlo. Así también, el verdadero arrepentimiento y la manifestación del perdón a la víctima podía tener la fuerza de que la pena fuera menor.

Los antiguos mayas también tenían una figurada llamada “el acto de olvidar” (Usachik mak) el cual consistía en el espacio en el cual las partes llegaran a acuerdos en donde el fin era establecer como se habrían de curar las heridas causadas mediante hechos concretos e inmediatos donde el ofensor demuestra la voluntad de equilibrar y armonizar la relación.

Siguiendo las tradiciones y las costumbres en algunas partes de Yucatán y Guatemala donde están los juzgados indígenas preexiste la “reintegración armoniosa” (Ukámikík pa utzilal, que significa unirse de nuevo con el otro, hacerse nuevamente el bien) también resultado de las usanzas y la tradición eminentemente orales trasmitidas de generación en generación cuando el delincuente podía ser re- integrado a la comunidad una vez arrepentido, castigado y reparado el daño. Significa volver a la paz, armonía y justicia además se llega a la aceptación del uno con el otro, como acto de reconciliación.

Ahora lo llaman “Justicia restaurativa” en realidad, ha vuelto esta mirada, esta visión,  está  en la forma de generar justica en la que se está trabajando para implementarse pero es algo que se está re-tomando, no es algo nuevo que se estén inventando, quizá la forma para ésta época es en lo que se trabaja, con los derechos humanos y en este momento histórico repercute una modificación, no estamos en el mismo contexto pero el fondo ha existido siempre, en algún momento se empezó a impartir justicia atendiendo números de averiguación o carpetas de investigación, dejando de lado, las historias y circunstancias que son determinantes para revisar los actos y son parte de la misma naturaleza humana, el cambio, la diferencia, la flexibilidad “no solo somos carne o de una forma” sabían los antiguos.

Los mayas lo aplicaban inherentemente en sus diversas formas de gestionar sus conflictos,  solo por el hecho de ser humanos porque no es una proeza entender que la restauración va más allá de lo que se puede tocar, los errores y fallas humanas son parte de la existencia como lo describe el popol Vuh todo es una dualidad, bien y mal, luz y oscuridad, abundancia y escasez.

Así entonces, sostengo que  la civilización maya con su cosmovisión se aproxima a la Justicia Restaurativa con su sistema reparador y deja un legado importante que tenemos que re descubrir y fomentar en estos momentos donde la Justicia es casi una utopía, donde hemos perdido el sentido de comunidad.

Ha sido evidente que  el sistema judicial Mexicano no es eficaz y mucho menos humano,  es obsoleto, el sistema tiene otros intereses, no precisamente la armonía. En efecto la Justicia Restaurativa la llevamos dentro, no se necesita más que  mirar atrás y recordar de dónde venimos…

 

 

Bibliografía.

 

[1] Recinos, Adrian 2012, Popol Vuh, Editorial CFE, Tercera Edición. México. Pag.33

[2] Recinos, Adrian 2012, Popol Vuh, Editorial CFE, Tercera Edición. México. Pag.65

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